martes, 18 de agosto de 2009

Archivos encontrados: Julio Ramos, el monopolio Clarín y Grondona...

Ironía noventista. Editorial de La Voz pedía fútbol gratis
Julio Ramos fue tal vez el periodista que más dura batalla dio contra el monopolio de la prensa en Argentina. Es decir contra el Grupo Clarín. El fundador de Ámbito Financiero y La Mañana editó un libro sobre el tema que se llamó “Los Cerrojos a la prensa”. Es un extenso ensayo sobre cómo Clarín negociando con todos los gobiernos, desde la dictadura de Jorge Videla, sacó tajadas enormes del Estado a su favor y logró condenar a buena parte del país al silencio o a la insignificancia periodística, que es peor...
En el capítulo 31 de ese trabajo dedica un detallado informe al negocio que Clarín armó con el fútbol, lo que significó la imposibilidad de acceder a las transmisiones por TV a los habitantes del interior de la Argentina. Salvo que domésticamente se transformaran en rehenes del cable, negocio que hoy concentra.
Destaca Ramos en ese material el episodio por el conflicto de la televisación de la Copa América en 1993, que derivó en el decreto de Carlos Menem para que la TV abierta del interior tomara la señal y su gente pudiera ver los partidos de la Selección. Pero la curiosidad mayor, sobre todo para los cordobeses, es que ese capítulo del libro de Ramos está encabezado, a modo de referencia, con un editorial del diario La Voz del mes de junio de 1993. Decía el entonces diario cordobés:“Aquí entra en cuestión un aspecto fundamental en la sociedad contemporánea: el derecho a acceder a la información y el derecho a escoger con libertad la fuente de información. Entra también en cuestión la igualdad de los derechos para todos los habitantes del país”. Nadie podría ser descalificado si, tomando los editoriales de entonces y leyendo La Voz de hoy, califica a su periodismo como un verdadero canto a la hipocresía.
El escándalo del fútbol dejó popularmente en evidencia a los monopolios
“... un episodio que debiera quedar circunscripto, según algunas ópticas, al marco de un mero conflicto de intereses suscitado en torno de un certamen futblístico. Aquí entra en cuestión un aspecto fundamental en la sociedad contemporánea: el derecho de acceder a la información y el derecho a escoger con libertad la fuente de información. Entra también en cuestión la igualdad de derechos para todos los habitantes del país”. (Editorial del diario “La Voz del Interior”, de Córdoba, en junio de 1993, a raíz de la discriminación que los monopolios intentaron con el fútbol)…
Extracto del libro “Los Cerrojos a la prensa” de Julio A. Ramos
A mediados de junio de 1993 estalló en la Argentina un escándalo al comenzar la “Copa América” de fútbol. Ello habría de llevar a que, posteriormente, el 21 de julio, el presidente doctor Carlos Menem dictara el decreto 1563 para que deportes de tipo internacional salieran por canales abiertos a todo público. El seleccionado nacional jugaba en Ecuador, pero sólo 400 mil familias del interior del país podrían ver los partidos. El resto no. Era una grave consecuencia, la más irritante para el público en general, del accionar perjudicial de los monopolios.
En este caso, se habían unido dos: el de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) que hasta ese momento se movía con impunidad digitando quién televisaba el fútbol y quién lo veía y, por el otro, Clarín, que aprovechó ese manejo discrecional para consolidar dos de sus nuevas metas: dominar la TV abierta en Capital Federal con “Canal 13” y comenzar a aplicar el cerrojo sobre unos 1.000 videocables mayoritariamente de distintos dueños en todo el país.
¿Cómo se llegó a esa situación? Desde que la AFA otorgó los derechos de la televisación de partidos a la forma Torneos y Competencias, la comercialización de esas emisiones quedó a cargo de la empresa “Tele Red Imagen S.A.” (Trisa), que los vendía a los canales. Para el interior del país en los encuentros de fútbol en fecha adelantada, se constituyó la sociedad “Televisión Satelital Codificada” (TSC). En esta última empresa participaría, con un tercio de las acciones, Clarín. Existe una firme presunción de que el resto del paquete de esta compañía lo formaron la mencionada Torneos y Competencias y hombres vinculados con la AFA. O sea, todos eran socios.
A partir de esa operación, Clarín pasó a dominar, arbitrariamente, la difusión de los campeonatos de fútbol. Cabe aclarar que el monopolio poseía, al promediar 1993, empresas de cable en Capital Federal (“Multicanal”), Baradero, San Pedro (ciudad sede del monopolio Papel Prensa), Santa Lucía (Bs. As.), Gobernador Castro (Bs. As.), Villa Ballester, Quilmes y Córdoba (intercable) entre otros. Era una buena base inicial para aspirar a dominar, también, todo el negocio nacional de los videocable. El decreto 1563 cayó como un mazazo sobre el monopolio que puso en acción para protestar a todas las entidades títeres -llamadas “entidades periodísticas”- que dominaba y mantenía subordinadas a sus intereses particulares. (NdR: igual a lo que ocurrió ahora con AEA desde donde Héctor Magnetto, CEO de Clarín, hace hablar al resto de los empresarios a favor de su monopolio).

Lagunas
Conviene indagar un poco más del fútbol porque es una operación empresaria de mucho dinero y manejada sin ninguna transparencia. Marca, además, las enormes lagunas jurídicas de la Argentina para los elementos electrónicos modernos. Por esas lagunas se sacrificaba de ver espectáculos populares, como es el fútbol, a vastos sectores, sobre todo del interior del país, fundamentalmente a los habitantes de barrios más pobres...
...Un empresario extranjero radicado en la Argentina, Carlos Avila, descubre una idea interesante: se le podía cobrar hasta un dólar o más por abonado a cada videocable por dar un menú de fútbol. Podían ser partidos internacionales del seleccionado argentino, un partido de cada campeonato local adelantado el día viernes, el partido principal del día domingo “en diferido”. La idea era legítima, salvo un elemento: el fútbol, el deporte más popular de la Argentina y los clubes (deudores permanentes del Estado y entidades públicas) no llegaban más, con esta “idea de Avila”, a la gente pobre que no podía pagarse un videocable o que vivía en barrios pobres donde el videocable no llegaba. Socialmente la “idea de Avila”, que la AFA aceptó, discriminaba a los argentinos en privilegiados que veían fútbol gratis por canal de aire en la Capital Federal y alrededores; los que lo veían pagando un videocable y el que, directamente, no lo veía. El fútbol en la Argentina entró así en formas comerciales casi sin ningún escrúpulo.
La AFA, dirigida por Julio Grondona desde 1979, le había dado a la empresa Torneos y Competencias los derechos de televisación del fútbol en la Argentina hasta el año 2004, o sea un contrato larguísimo, sin ser resultado de una licitación clara y transparente. TyC (llamada por el humor popular “Torneos sin Competencia”) estaba dirigida por el mencionado empresario Carlos Avila, quien respondía a Grondona.
El decreto 1563 era endeble y con omisiones. Buscaba asegurar a toda la gente “el fútbol de los partidos internacionales” pero no decía cómo se pagaba y, además, no se preocupaba de los torneos locales. Por lo tanto era incompleto.

El atajo del monopolio
El monopolio, entonces, no se conformó con el lento y fatigoso camino de buscar abonados para sus canales de videocable. Se fue al atajo, ofreciendo con exclusividad el espectáculo del fútbol. Buscó aprovechar ese producto, de gran demanda, para adquirir cables establecidos. La estrategia es simple y conocida: se ofrece el fútbol al canal más chico en abonados de una ciudad. Con esa veda, muchos canales más grandes del interior comienzan a debilitarse. Sus abonados protestan o se pasan al canal chico y cuando los grandes ya no pueden soportar la competencia, porque tienen mayores costos, cableados y contrataciones, Clarín les ofrecerá comprarlo a bajo precio. Tendrá el fútbol luego para matar la competencia del cable chico que usó de “trampolín”. O sea, el objetivo final de la maniobra es aumentar la estructura empresaria de Clarín en ese sector donde era incipiente como otro hito en la meta del dominio total de las formas de opinión.
Unos 1.000 cables del interior del país -700 por lo menos- sabían eso en junio de 1993. Individualmente no tenían fuerza para oponerse. Tampoco entidades que los representaran porque -táctica conocida y ya descripta en este libro- lo primero que hacen los monopolios es dominar esas entidades para ponerlas al servicio de sus fines, no del conjunto y, menos aún, de la sociedad. Esos cables y el problema llegaron a conocimiento de “Ámbito Financiero” y así estalló el “Escándalo del fútbol” al promediar 1993. Aún quedaba prensa libre y no alineada. Para Ámbito Financiero y para mí, en lo personal, fue un halago aquel decreto 1563, aunque era incompleto con omisiones y no aportaba soluciones económicas a los modestos canales abiertos del interior para pagar una transmisión de fútbol por aire. Pero no fue nuestro primer triunfo. Al comenzar 1993 el canal estatal “ATC”, por nuestra crítica, desde Ámbito Financiero, no codificó su emisión satelital -lo tenía planeado y anunciado- que recibían los canales abiertos y aun de cable más pobres de todo el país. Creímos que el Estado tenía que asegurar esa televisación mínima a toda la Nación. El segundo triunfo fue en la mencionada “Copa América”. El monopolio Clarín debió desistir de manipular al menos esa transmisión. El tercer triunfo contra los monopolios en un año -y a favor de la gente- fue que los partidos de eliminación del fútbol para el Mundial, a partir del 1 de agosto, entraron en discusión original sobre el plan de reducir el espectáculo sólo a la mitad de la población del país. Creo que habíamos hecho mucho por la sociedad argentina. Pero los monopolios, aunque muy irritados, todavía seguían enteros.
Pero a los efectos de un libro, como “Los cerrojos a la prensa”, lo que nos interesa es mostrar cómo en los años ‘90 el país aún vivía con el desprecio por las obligaciones hacia la comunidad que caracterizó a la Argentina de los anteriores 50 años, cuando se había agudizado la puja por el ingreso. Es la época en donde se vacían los fondos de las cajas de jubilaciones desde los gobiernos, los contratistas violan permanentemente los acuerdos con el Estado, y éste no les paga en término nunca, las administraciones públicas se desnaturalizan por el exceso abrumador de empleados, los juicios y esas exacciones contra el Estado proliferan en número inusitado, los sindicatos y sindicalistas se enriquecen con leyes corporativas, el Estado se financia emitiendo moneda sin ningún respaldo, las empresas les extraen créditos políticos a los bancos oficiales que nunca saldarán, con la garantía total a los depósitos aparecen banqueros y financistas improvisados que toman fondos resguardados por el Estado pero lo dilapidan en negocios particulares, se violan las obligaciones impositivas y previsionales surgiendo una formidable economía “negra”, aparece como gran negocio hacerle juicio al Estado, es común dar cheques sin fondos o “voladores”. Operar en mercados negros, aplicar o violar “precios máximos” eran casi un deporte diario en la vida argentina, la inflación fue secular y el país tocó fondo con la hiperinflación en 1989. En medio de ese desquicio de país no es de extrañar que la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) hubiera entrado, también, en formas desquiciada y monopólicas contrarias al interés social. La AFA tradicionalmente fue una institución politizada...

El reinado de Grondona
...En 1979 el presidente general Jorge Rafael Videla, durante su gobierno de facto, decide poner al frente de la AFA a Julio Grondona, un dirigente que venía de los clubes Sarandí e Independiente. Grondona fue un hábil directivo que permanece más de 14 años en el cargo sobrepasando gobiernos militares, radicales y justicialistas Por primera vez, con Grondona, la AFA se despolitiza. Pero en 1991, Grondona no se da cuenta que el país desquiciado que él vio siempre, con sus 60 años de vida, estaba cambiando. Por eso concede si licitación a “Torneos y Competencias” la televisación del fútbol hasta el año 2004, algo verdaderamente insólito. Grondona se movió en la Argentina insolidaria del pasado, la que él había conocido y se arreglaba así: “yo te lo firmo, si el día de mañana te lo revocan le hacés juicio al Estado”. Ese desprecio fue siempre como si el “Estado” fuera un extranjero o un ser espacial. El Estado somos todos y todos pagamos esos eventuales juicios.
Para Grondona y Ávila la idea de televisar sólo para videocables es buena, es rentable, ¿quién en la Argentina insolidaria pensaba en el bien general? ¿Quién se fijaba en que un deporte como el fútbol los más pobres del país no lo fueran a ver?
El monopolio Clarín se movía con la misma indiferencia. Y, además, impunidad. Con ese monopolio la AFA podía acrecentar el propio, ganar dinero y abrir un nuevo campo de dominación, el de los videocables. Ya en la degradación, todo se va encaminando hacia abajo. Algunos videocables querían el fútbol para desplazar a sus rivales en el mismo negocio.
Ese es el mal de los monopolios, desde la cabeza, como el pescado -algo que Juan Perón atribuía a los dirigentes políticos y sindicales-, se va pudriendo todo el cuerpo social.
Fue necesaria la veda de un espectáculo de alto consumo como es el fútbol para que la sociedad, en general, tomara conciencia de la preservación de todo monopolio. La concentración de medios de comunicación y la arbitrariedad con que proceden provocaron sorpresa. Fue como que la Argentina recién despertara a un mal. Los videocables protestaron. Protestó la gente que no veía fútbol. Los abogados recurrieron a la Justicia. Los jueces dieron amparo contra los monopolios. El gobierno sancionó un decreto. Más aún: se descubrió que era una táctica permanente de Clarín operar con ver o no el fútbol para dominar videocables...
Por todo, el problema de la acumulación de empresas en materia de prensa forma parte de la discusión política y es objeto de legislación en las democracias modernas. Las sociedades de más desarrollo del mundo se han planteado desde hace tiempo que, además del derecho a informar, debe preservarse el derecho a estar informado...
...Si éste (por el ComFeR) tuviera como prioridad resguardar la libertad de prensa, jamás hubiera aconsejado dar “Canal 13” a Clarín como hizo con tanta torpeza en 1989 porque se sabía que consolidaba un monopolio. En lugar de ver eso el ComFeR argentino vigiló que las carpetas de licitación estuvieran “correctamente presentadas” y que los concurrentes fueran monopolio o no, mostraran “buena intención de programación”. Un absurdo.

Fuente:
La Mañana de Córdoba

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