jueves, 1 de febrero de 2018

"Por ahora no voy a patear el tablero", avisa el heredero de Clarín

El hijo de Ernestina Herrera de Noble habló sobre el legado de su madre y su futuro rol en el Grupo. Perro tuerto, un VW Bora y Vanesa, esposa todoterreno
Por: Pablo Berisso
Hacía cinco meses que había fallecido su madre, Ernestina Herrera de Noble, cuando en noviembre del 2017, Felipe Noble Herrera (41) se vio obligado a volver al cementerio de La Recoleta por la muerte de la madre del CEO del Grupo Clarín, Héctor Magnetto (73). “El Heredero” lo recuerda como un momento clave. Estaba con su mujer, Vanesa Defranceschi Sadi (41), cuando, tras la ceremonia, decidió visitar la tumba de su madre. La pareja bajó a la bóveda. El custodio se quedó afuera. Felipe se paró junto al cajón y, en silencio, observó la mantita blanca que lo cubre y las flores que están sobre el mismo. Vanesa lo observaba. En un momento, él la miró a los ojos y le dijo: “No puedo dejar el legado de mi vieja, tengo que seguir. No la puedo defraudar. No sé cómo ni de qué forma, pero tengo que seguir”. Felipe había asumido que su madre, la mujer que siempre lo sobreprotegió, ya no estaba más.

“Si me preguntás a mí qué es lo que me gusta: sacar fotos, los aviones y trabajar en la Fundación (Noble). Siempre pensé que el día que mi madre no estuviera más iba a vender todo y listo. Pero eso cambió”, confiesa el hijo de quien fue la dueña del multimedios más poderoso del país, que tras la fusión con Telecom, pasó a valer más de 7.000 millones de dólares. Distendido, el heredero, junto con su hermana Marcela (41), hizo un alto en sus clásicas vacaciones en Punta del Este –en la emblemática mansión familiar de Punta Ballena con vista al mar, donde acostumbra a instalarse con su esposa e hijos, Mora de 7 años y Lion de 2– y, a pesar de su extremado perfil bajo y su fobia a dar entrevistas, habló por más de dos horas con Noticias sobre su nuevo rol dentro del Grupo; la relación con su hermana y con Magnetto y sus hijos; de su interés por encontrar a sus padres biológicos; de su pasión por los aviones y del amor incondicional por su Volkswagen modelo 2005 con el que se mueve todos los días y que, por el momento, no piensa cambiar. Además, reveló su confianza ciega a Magnetto y su esposa.

El legado familiar
Felipe habla pausado. Es dubitativo y todo el tiempo intenta esconderse detrás del chiste y la risa. Su imagen es todo lo opuesto a la de su madre adoptiva, Ernestina (o Pitty, como la llamaban en la intimidad), una mujer rígida, con poder de resolución y con control de todo lo que pasaba a su alrededor. Cualquier persona que se lo cruce no imaginaría jamás que está frente a uno de los principales accionistas de Clarín. Incluso, a él mismo le cuesta verse en el lugar que durante años ocupó su madre. Quizá, porque ella siempre se ocupó de que no le falte nada y eso provocó que comenzara a chocarse con el mundo real el 14 de junio del 2017, cuando ella falleció.

Felipe Noble: A mi mamá le gustaba que todo esté perfecto. Nosotros veníamos de vacaciones a Punta del Este con los 15 perros que llegó a tener, casi todos levantados de la calle, y hasta ellos tenían su rutina diaria y la respetaban.

¿Cómo era la rutina de los perros?
Se levantaban temprano y salían a pasear por el jardín. Bajaban a la explanada, se metían al mar, tomaban aire y los bañaban. Los perros se ponían en fila para meterse en el mar y también al momento de bañarse para sacarles el agua de mar. Luego subían a comer y dormían la siesta, cada uno en su lugar en el living mientras mi mamá leía o, a veces, descansaba también. Después, salían a pasear de nuevo por fuera de la casa e iban al lomo de la Ballena (la punta alta de la zona). Los más viejitos, que no caminaban, iban en el Melex (carrito de golf adaptado). Luego volvían, comían, jugaban por el jardín y a las diez y media se iban todos a dormir a la habitación de mi mamá, cada uno en su colchoncito y algunos dormían con ella.

El dominio que tenía Ernestina sobre su hijo era tal que durante los poco más de cuatro años y medio que estuvo de novio con Vanesa vacacionaban todos juntos (ella, su amiga inseparable Susana Izzo de Gaetani, Vanesa y Felipe). Incluso, fuera de vacaciones, los viernes, sábados y domingos salían todos a cenar. “Mamá con mis novias anteriores a Vanesa era todo bien, cordial, muy amable, pero hasta ahí. Vanesa la tenía de cómplice, eran gambas. También es cierto que la agarró un poco más tranquila, no tan polvorita”, afirma entre risas.

Su madre lo sobreprotegió, pero la situación cambió y ahora tanto usted y su hermana Marcela son socios.
A grandes rasgos, sé cómo se maneja la empresa. Uno puede sospechar, pensar, creer que puede cambiar. Una persona ya no está, la otra (Magnetto) está grande. Cambios va a haber, por supuesto. Yo no voy a hacer ninguna jugada por el momento.

¿Usted se ve al frente del Grupo?
Mi vieja tenía a las personas de confianza y distribuyó el trabajo, porque es algo que una persona sola no podría hacer. Tengo gente de confianza como para armar un equipo, como lo tiene Héctor (Magnetto).

¿Eso es lo que quiere?
Lo que yo quisiera no es políticamente correcto, no tiene nada que ver con medios. Es lo que a mí me gustaría pero por algo mi vieja me dejó en el lugar donde estoy hoy.

¿Qué es lo políticamente incorrecto que quisiera?
A mí me subís a un avión y soy feliz. Amo la aviación y eso mi mamá lo sabía. Pero ahora la situación es otra.

Su rol en el Grupo. A Felipe lo atemoriza un poco la idea de tener que estar para defender su lugar. Le cuesta verse en el papel de su madre. Sucede que su relación con los empleados es muy diferente de la del resto de los directivos. “Él llega al edificio de Clarín y saluda a todos, desde el recepcionista hasta al personal de limpieza, algo que sorprende a todos”, afirma Vanesa, esposa, compañera, interlocutora y un poco madre de Felipe. Él asiente los dichos de su mujer con una sonrisa: “Yo soy así, que otros no lo hagan es cosa de ellos”.

Felipe no lo dice, pero siente que a pesar de que ya tiene su oficina en el cuarto piso del diario Clarín y de que asiste a las reuniones de directorio aún no le dan el lugar y poder que debería tener como dueño de más del 20% de las acciones del Grupo. Sucede que la muerte de Ernestina y el posible alejamiento de Magnetto, los mentores y principales cabezas del multimedios, desató batallas internas en las que tanto Felipe como su hermana Marcela deberán dar pelea.

Hasta hoy, Felipe dedicaba sus horas a la Fundación Noble, con la que junto a su esposa ayudan a chicos enfermos o en situación de vulnerabilidad. Y están por cerrar un acuerdo con el consulado argentino en Miami para hacer un trabajo en conjunto con el Hospital Garrahan. También, desde hace un tiempo, junto a un grupo de amigos, volcó su legado periodístico en su página web de aviación: Deavion.com.

Tras la muerte de su madre, muchos rumores surgieron respecto del futuro del Grupo y el de sus hijos. Magnetto se convirtió en el mayor accionista (29,8% de las acciones, según un informe de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires de abril del 2015) y en el albacea del enigmático testamento de Ernestina.

¿Saben qué dice el testamento de su madre?
Que todo se reparte mitad y mitad con mi hermana.

¿Las acciones y las propiedades?
Sí.

¿Usted sabe cuánto está cotizado el Grupo Clarín?
No, no tengo idea.

¿Sabe cuánta plata tiene usted?
No. Podría decirte “no sabe, no contesta”, pero es más no sabe que no contesta (risas).

¿Participa de las reuniones de directorio?
Sí.

¿Le dan el poder de decisión que debería tener?
Felipe hace silencio por unos segundos e interviene su esposa.
Vanesa Defranceschi Sadi: Yo soy la mujer, la psicóloga, la secretaria, la agenda con patas, como le gusta bromear a él (risas), y para muchos dentro del grupo: “El monje negro”, porque no ando con vueltas. Él ahora es tan socio como su hermana y el resto de los accionistas… (interrumpe Felipe). En la teoría, todo lindo. En la práctica, no sé cómo va a ser. Se supone que uno va a ser directivo. Yo puedo decir que no quiero, es lo que siempre había pensado. El tema es que ahora, y por ahora, no voy a patear el tablero. Voy estudiar la cancha y ver cómo avanzar. En el Grupo están en un impasse hasta después del verano cuando se empezará a definir cómo se reestructura.

El 80% de las acciones de Grupo Clarín, hasta la muerte de Ernestina, se dividía entre cuatro personas: Ernestina (49,7%), Magnetto (29,8%), José Antonio Aranda (10,3%) y Lucio Pagliaro (10,2%). Hoy, lo que le correspondía a su madre se dividirá en partes iguales entre Felipe y su hermana. De esta manera, el CEO de Clarín pasó a ser el mayor accionista. Pero todo cambiaría si Magnetto decide alejarse y sus acciones se dividen entre sus dos hijos. Aunque desde las más altas esferas del Grupo aseguraron a Noticias que “Magnetto seguirá a la cabeza”.

El padre adoptado
Las relaciones familiares de los Noble Herrera son algo particulares. Y, como dicen en su entorno, quizá eso se deba a que el carácter de sus integrantes es muy dispar. En ese contexto, y en el intento de Felipe de encontrar a alguien en quien refugiarse, Magnetto se convirtió en ese padre que el joven nunca tuvo.

¿Cómo es su relación con Magnetto?
Es una de las personas con la que he crecido. Lo puedo considerar como un padre, un hermano mayor. Yo me crié con él. Es una persona de confianza. Es una persona que siempre estuvo y fue de confianza de mamá. Fue uno de los artífices de todos estos años, desde que mamá se hizo cargo de mi hermana y de mí.

¿Si Magnetto le da un papel para firmar, qué hace?
Lo firmo con los ojos cerrados. Es una imagen fuerte en mi vida. Es parte de la familia.

¿Con los hijos de Magnetto también?
Somos de edades similares. Son los hijos de Magnetto, el socio de mi madre. En mi cabeza siempre estuvo mamá con Héctor. A los chicos los conozco pero no tenemos una relación de familia. La hija es madrina de Mora. Hay épocas en que nos vemos y la pasamos bárbaro y otras que muy poco. Este año nos vimos sólo en los funerales.

¿Cómo está la relación con su hermana Marcela?
Normal. Me veo, me hablo, pero cada uno tiene su vida. Ella tiene su marido, sus hijos, sus familiares y sus amigos. Cada tanto nos vemos y la pasamos bien.

ADN y exilio
En un ambiente de confianza y entre amigos, Felipe es una persona muy divertida. Fuera de eso, es sumamente cerrado. Quizá, las idas y vueltas de la pelea judicial por su supuesta apropiación, la misma que los obligó a exiliarse más de una vez, le causó tanto a él como a su hermana problemas psicológicos importantes que, según sus allegados, hicieron que Felipe se volviera más cerrado de lo que ya era. Vanesa recuerda que en el momento más conflictivo de la causa judicial en la que se investiga la supuesta apropiación de Marcela y Felipe por parte de Ernestina. Magnetto ordenó que se subieran a un avión con su hija Mora, que en ese momento tenía pocos meses de vida, y escaparan a Punta del Este. “Qué exilio ¡eh!”, acota entre risas Felipe. “¿Por qué?”, pregunta su esposa. “Exiliados en el Conrad”, replica él entre carcajadas.

¿Qué significó en su vida que le quisieran sacar a usted y a su hermana una muestra de ADN a la fuerza?
Fue muy traumático. Yo no quería saber nada porque odio los pinchazos. Cuando se empezaron a ponerse bastante densos, pensamos y se lo dijimos, vamos y hacemos el ADN. Lo hicimos y empezaron a poner trabas. Que estaba contaminado, que estaba mal tomado, así una y otra vez. Hasta llegamos a ofrecer de hacerlo afuera y dijeron que no. Entonces, ¿qué era lo que querían? Al final, la Justicia terminó dándonos la razón y eximiendo a mi madre antes de que muriera. El problema es que venía siendo un proceso normal que se desvirtuó.

¿El kirchnerismo?
Terminó convirtiéndose en una pelea política.
Vanesa: Nosotros nos juntamos y comimos con Juan Cabandié (diputado nacional por la Ciudad, de La Cámpora) y le dijimos que estaban haciendo cualquier cosa.

¿Qué les respondió?
Vanesa: Él lo entendía. Pero la orden era hacer eso.

Austeridad y política
Pocas veces se puede ver a Felipe con traje. Él prefiere las bermudas y remera o el jean con, a lo sumo, una camisa. Y se mueve feliz en su Bora, el mismo que compró hace casi 13 años y que estuvo a punto de cambiar, porque todos (incluso su madre) le decían que lo cambie. Recuerda que fue a una concesionaria Audi, miró varios modelos y uno solo llamó su atención, pero terminó rechazándolo porque no le gustaban las luces del tablero. Así que salió y se subió orgulloso a su Bora y se fue. “En mi vida hay un antes y u después del Bora”, afirma entre risas. Y retruca con seriedad el hombre que podría tener una Ferrari si quisiera: “Este auto reúne un conjunto de cosas que lo hacen único”.

Es en ese mismo auto que todas las mañanas lleva a sus hijos al colegio, luego de desayunar en familia. Al volver, lee los diarios y, cuando tiene reuniones en Clarín, parte hacia allá. Los días que tiene libre le dedica su tiempo a su página de aviones que tiene pensado incorporar al multimedios.

¿Nunca pensó en ser piloto?
Cuando terminé la secundaria fui a anotarme para hacer el curso y me bocharon porque me encontraron un pequeño problema auditivo. Este año pienso empezar el curso de piloto privado.

¿Viaja en vuelos privados?
No. Me gusta viajar en aviones de línea. Solo viajamos en privado cuando era chico con mi mamá por cuestiones caninas.

¿Cuestiones caninas?
Sí. Porque era más fácil llevar a los perros. Pero después tenía tantos que ella venía en avión y el resto traíamos a los perros (risas).

¿Cómo ve la situación del país con Cambiemos?
Yo creo que no hay nada perfecto. La política para mí es una mierda. En realidad, los políticos. Porque todos, de todas partes del mundo, dicen una cosa y terminan haciendo otra. Creo que para ver una Argentina de primer mundo van a pasar muchos años. Ni esta gestión, ni la que viene ni la otra van a hacer los cambios suficientes para lograrlo.

Simplicidad y sencillez son las palabras que mejor definen al heredero del multimedios más importante de la Argentina. Aún recuerda cuando, hace unos años, estaba con su mujer comiendo en el restaurante “Medio y medio”, de Solanas, y al salir lo encaró el cuida coches: “Sabés Felipe, recién salieron unos muchachos del restaurante y uno le decía al otro que adentro estaba el hijo de la dueña de Clarín. Se pararon en la puerta, miraron la Ferrari (que estaba estacionada al lado de su Bora) y uno le dijo al otro ‘seguro esta es de él’. Yo le iba a decir que el tuyo era el Bora, pero se me iban a reír así que no les dije nada”.

Al terminar la entrevista, al igual que hizo en la concesionaria cuando rechazó comprar un Audi, Felipe Noble, su esposa, el custodio y Zhoe, la perrita tuerta que adoptaron hace unos años, se subieron al Bora azul y partieron hacia la heredada mansión familiar. Quizá, pensando que en marzo deberá dejar atrás su timidez para convertirse en el león que su madre siempre debe haber querido que sea.

“Monje negro”
Vanesa Defranceschi Sadi (41) es abogada, egresada de la UBA, y conoció a Felipe Noble en el 2000, en un curso vivencial. En el 2005 se pusieron de novios y cuatro años más tarde se casaron y tuvieron a Mora (6) y Lion (2). Es, como dice ella, la esposa, la secretaria, la abogada y la madre de Felipe. Y, además, una de las pocas personas a las que atiende Magnetto cuando le pide una audiencia.

Vanesa tenía una muy buena relación con Ernestina. “Eran compinches”, afirma Felipe. Eso, sumado a su fuerte carácter y a la relación directa que tiene con el CEO de Clarín, hizo que directivos ansiosos de poder dentro del Grupo la apodaran “El monje negro”.

¿Comienza la pelea por el poder del Grupo Clarín?
Felipe Noble siempre pensó en vender todo, pero ahora busca asumir el poder que le dejó su madre, haciéndolo heredero de la mitad de sus acciones
La muerte de Ernestina Herrera de Noble, el 14 de junio del 2017, no sólo dejó una cuantiosa fortuna sino que, además, marcó una nueva era en el holding, signada por el poder que ella dejó vacante, el mismo que ostentó durante el último medio siglo.

Hasta ese momento, el Grupo estaba valuado en casi 4.250 millones de dólares y el 80% de las acciones (el 20 restante cotiza en bolsa) estaba repartido en sólo 4 personas. Según un informe de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires de abril del 2015, Ernestina era dueña del 49,7% de las acciones; Héctor Magnetto tenía el 29,8%; José Antonio Aranda el 10,3% y Lucio Pagliaro el 10,2%. Voceros del Grupo aseguran que la diferencia entre la ex directora y el CEO sería más reducida.

En junio del año pasado se aprobó la fusión Cablevisión y Telecom. Esto elevó el valor de ambas empresas, llevando la cotización del Grupo a 7.000 millones de dólares. Felipe Noble siempre pensó en vender todo, pero ahora, a partir de los nuevos negocios, busca asumir el poder que le dejó su madre, haciéndolo heredero de la mitad de sus acciones (24,85%, igual que su hermana Marcela). Magnetto quedó como el mayor accionista del Grupo.

La estructura en Clarín volvería a cambiar si los rumores de alejamiento del CEO se hacen efectivos y decide repartir su capital accionario entre sus dos hijos: Marcia y Ezequiel. Sin embargo desde las mas altas esferas del Grupo aseguran que eso no sucederá y que Magnetto está más activo que nunca.

Pero el problema principal para Felipe y Marcela no termina en la división accionaria sino que saben que tendrán que dar una dura pelea dentro del Grupo para tener un poder real de decisión.

Actualmente, tanto Felipe como Marcela tienen sus oficinas en el edificio del diario Clarín. Él está terminando de acondicionar la suya del cuarto piso y, además, está preparándose para formar un equipo de personas fieles y capaces para acompañarlo en una reestructuración que, según sus propios dichos, comenzaría a evaluarse a partir de marzo.

El testamento de Ernestina: ¿Quién se queda con Clarín?
Más de 1.200 millones de dólares en juego. La tensión entre los herederos, Felipe y Marcela. Magnetto, el albacea de la fortuna
Por: Marcos Teijeiro | Pablo Berisso
La muerte de la directora del Grupo Clarín dejó una cuantiosa fortuna que rondaría entre los 1.180 (según la versión oficial del Grupo) y los 1.650 millones de dólares – según un informe de la Bolsa de Valores de Buenos Aires de abril del 2015–, sólo en acciones del multimedios. Estas se repartirán de manera automática entre los dos herederos, Felipe y Marcela Noble. Pero, además, podría marcar el comienzo de una nueva era del holding signada por la puja del poder que la matriarca dejó vacante.

Su partida amenaza no sólo con abrir batallas internas entre los hermanos –quienes hasta hoy desconocen todo lo que su madre tenía y manejaba– y los socios del grupo mediático, sino que también echará luz sobre los secretos que la bailarina de flamenco devenida en empresaria guardó durante más de cincuenta años, los que sólo conoce su hombre de confianza, el CEO del Grupo, Héctor Magnetto. “Hay cosas del funcionamiento de la empresa que sólo sabían ella y Magnetto”, aseguró un allegado de la familia.

En cuanto a la división de bienes de Ernestina, Noticias pudo saber que existe un testamento. En la familia, confiaron fuentes, están ansiosos por saber qué dice ese documento puesto que, el nuevo Código Civil, permite que un 20 por ciento de la fortuna se pueda testar en favor de no herederos. Como era de esperar, la persona designada para hacer cumplir la última voluntad de Ernestina y de custodiar sus bienes hasta que finalmente se repartan es nada más y nada menos que Magnetto.

Los herederos. Felipe y Marcela fueron adoptados por Ernestina durante la última dictadura militar, lo que generó una larga causa penal por presunta apropiación ilegal que ya fue cerrada por la Justicia. La dueña de Clarín logró que sus hijos pudieran llevar el apellido de su fallecido marido, Roberto Noble.

Felipe hace casi cinco años que trabaja en la Fundación Noble. Su relación con el CEO de Clarín es muy buena. “Para él, Magnetto es como un padre. Felipe confía ciegamente en él y en todas las decisiones que tome. Igualmente, recién ahora sabrá con certeza todo lo que tenía y manejaba Ernestina”, aseguraron a Noticias personas cercanas al heredero.

Marcela, por su parte, hace unos años que viene preparándose para el momento en que su madre le ceda su lugar cerca del poder. La actual gerenta de Asuntos Corporativos del Grupo cursó, en el 2011, una maestría en Comunicación en la Universidad Austral. Ahora que se va a convertir en una de las dueñas del multimedios habrá que ver cómo se posiciona entre los socios. Ella es la única que muestra interés en el devenir del holding, ya que Felipe manifestó en varias oportunidades que lo suyo no son los negocios.

El amor incondicional de Felipe Noble por un auto viejo
Compró su auto Bora en el 2005 y no lo piensa cambiar
Hay un antes y un después del 2005 en mi vida”, afirma Felipe Noble. “¿Porque nos pusimos de novios?”, pregunta Vanesa, la esposa. “No, porque compré el Bora”, afirma él entre carcajadas. Un chiste que tiene mucho de realidad porque ese auto, de casi 13 años, es ideal para él.

“Este –señala su auto – es de la cuarta generación y reunía lindo interior, mecánica buena y confiable, lindas líneas y lindo diseño”, se justifica Felipe. Hasta su madre, en vida, le pidió que lo cambiara. Pero él no quiere hacerlo.

“Podrá comprar mil autos, pero el Bora siempre va a tener su lugar en el garaje”, asegura uno de sus custodios. Cuando nació su segundo hijo entendió que tenía que comprar una camioneta. Lo hizo, pero sigue moviéndose en su coche con llantas de aleación, vidrios negros y un calco atrás que dice “Bora Club”.
Fotos: Marcelo Aballay
Fuente: Revista Noticias

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